El Padre Nos ESCOGIÓ EN Cristo Antes De Existir El Mundo
“Escoger” equivale al uso profundo y total de la
voluntad. En el caso de YAUE, él tenía la opción de
escogernos o de no escogernos. Dado el caso de que, en su
pre-conocimiento él sabía lo que sus hijos iban a escoger ante el uso
indebido del libre albedrío, lo sabio era no escogernos. Pero
su Manifestación eterna llamada Melquisedec, como sacerdote del Dios
Altísimo nos Amó de tal manera que, desde antes de existir un átomo,
ofreció su vida por la de cada una de las criaturas arrepentidas que
algún día serían realidades tangibles (desde aquel entonces existe el
orden sacerdotal de Melquisedec)
Melquisedec es la Manifestación de YAUE
conocida por numerosos Nombres tales como la Sabiduría eterna y el Hijo
de Dios. Fue EN él (quien un día sería conocido también por
Cristo) que la totalidad de las criaturas racionales que un día
poblarían un diminuto planeta (en un universo que estaba por existir)
fueron puestas. No habría un ser humano que no hubiera sido
conocido por nombre y Amado desde una eternidad pasada por
YAUE. EN Cristo, YAUE en su manifestación de Padre nos
escogió a todos y EN él nos bendijo con toda bendición espiritual en
los lugares celestiales.
Las criaturas escogidas por YAUE EN
Cristo gozarían además de la santidad y pureza absolutas de la
divinidad. Tal es el destino de cada ser que puebla este
planeta. Aun antes de existir un ser humano, EN Cristo se
gestaba una raza que a su debido tiempo haría acto de presencia en
carne y hueso para traer gozo infinito al corazón Amante del Creador.
Pero YAUE todo lo sabe eones antes de
que acontezcan las cosas (él conoce el fin desde el
principio). Él vio cuando aquella raza de criaturas
racionales le daría la espalda. El dolor que tal decisión
causó a Su corazón fue tan profundo e insoportable que hubiera sido del
todo justificado que, aun antes de formar a un ser humano en carne y
hueso, se hubiera descartado el plan eterno y comenzado de
nuevo.
Pero Cristo, como una madre que Ama con
todo el corazón al bebé que se gesta en su vientre, ya conociéndonos a
todos y Amándonos fuera de toda comprensión humana, prefirió el dolor
inconcebible y prosiguió con el plan establecido de crear al ser humano.
YAUE sabía que durante las edades
oscuras del reino del pecado, en medio de la angustia y de la confusión
enloquecedoras, habría criaturas que escogerían el eterno plan
divino. Fue a razón de aquellos pocos individuos que el plan
divino continuó en vigencia. A través de ellos se completaba
el círculo del Amor Ágape, el Amor divino. El propósito del
pecado era romper para siempre el círculo divino--no debía de existir
nadie que respondiera a la eterna voz del Amor de Dios. Desde
los días de Abel, sin embargo, YAUE ha contado con escogidos en la
tierra maldita y rebelde. Abel, cuyo nombre significa Padre
Dios, pasó por la tierra como un bendito símbolo de su Padre Cristo,
cuya propia Vida fue cortada en la plena flor de su ministerio.
Escoger a Jesús (Yashúa es su Nombre
hebreo) como Redentor, Dueño y Señor es el mayor de los milagros, la
más grande maravilla que pueda ocurrirle al ser humano. Este
acontecimiento inconcebible, no obstante, es el producto del mismo
YAUE. En su Manifestación de Cristo, él sopla la
Manifestación del Espíritu Santo sobre quienes aspiran a escoger el
plan divino para sus vidas. EN el Espíritu Santo (conocido
también como el Poder del Altísimo) Yashúa envuelve a sus hijos fieles,
a la vez que los satura, en la atmósfera de la
divinidad. En la atmósfera del Amor Ágape, Cristo opera el
milagro de abrirles el sentido para comprender las Sagradas
Escrituras.
Es imposible comprender la Palabra de
Dios fuera de la atmósfera del soplo del Espíritu Santo impartido por
el mismo Señor Jesús. Quienes la comprenden y creen de todo
corazón, automáticamente son tornados de llamados en escogidos de
Cristo. Esta verdad fundamental implica que el grueso de las
ovejas que asisten a las congregaciones de la tierra están clasificadas
por él en la categoría de ovejas sin pastor. Yashúa tiene una
compasión infinita por ellas y se empeña en alimentarlas y conducirlas
del estado de llamados al de escogidos suyos. Pero de primera
entrada les dice, “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí
mismo, tome su cruz cada día y sígame. Todo el que quiera
salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida por causa de mí, la
hallará.” La senda de llamado a escogido de Cristo—la
recorrida por los apóstoles--implica un Getsemaní, un calvario, un
tormento angustioso. Luego viene la sorpresa maravillosa e
inexplicable de la resurrección. Por último es el encuentro
increíble, cara a cara, con el Redentor resucitado. Y en
seguida viene el soplo de Cristo.
Cuando Yashúa sopla el Espíritu Santo y
a la vez abre el entendimiento de sus seguidores tenaces para que
comprendan las Sagradas Escrituras lo que hace es restaurar la imagen
de Dios en la vida de un mortal. Aquella persona, EN Cristo,
está siendo transformada a cabalidad. Es una nueva criatura
espiritual. Es un espejo pulido a la perfección donde
solamente se ve el rostro del Maestro. Ya no se reconoce
aquella persona. Irrevocablemente está pasando de llamado a
ESCOGIDO de Cristo. Su viejo hombre de pecado ha muerto en la
cruz EN él, y EN él el llamado ha resucitado a ocupar el lugar que le
corresponde desde antes de la fundación del mundo. EN Cristo
goza de toda bendición espiritual en los lugares celestiales.
EN el Amado (Jesús), EL Padre lo ha escogido para vivir una vida santa
y sin mancha en medio de una humanidad corrupta, descompuesta y rebelde.
Aquellos que están dispuestos a pasar de
llamados a escogidos del Señor son muy pocos. El precio es
elevadísimo: Se trata de la vida misma. De Cristo son las
horas más tranquilas en la vida cotidiana de sus criaturas.
Él exige que sus escogidos sean portadores de la vida eterna tal cual
se encierra en el Evangelio. (Ningún cristiano a medias, un llamado,
está en capacidad de representarlo. El purísimo mensaje del
Evangelio no puede ir mezclado con la partícula más diminuta de
pecado. Tal es la razón por la cual Yashúa debe primero
transformar al llamado en escogido.) Es por eso que él
esclarece la visión espiritual de quien lo toma en serio y le dedica el
tiempo de calidad necesario diariamente para conocerlo en los cuatro
Evangelios—Mateo, Marcos, Lucas, y Juan.
La vida eterna consiste en conocer a
Cristo y al Padre. En esto no puede haber ideas humanas ni
motivos que no provengan exclusivamente del Amor Ágape. Él
conoce nuestra condición, recuerda que somos polvo, pero a la vez no
tolera una devoción a medias. “Nadie puede servir a dos
señores,” declara con autoridad suprema. Para rescatar a sus
llamados originales de tal maldición los liberó de su viejo hombre de
pecado. Al comprender tal realidad maravillosa, aquellos
hombres y mujeres descubrieron que: Eran nuevas personas; eran dioses
caminando por la tierra; la divinidad fluía a través de ellas; Amaban a
la raza humana así como la Ama YAUE; era imposible mezclar la divinidad
con el pecado pues ambos se excluyen mutuamente; eran los ESCOGIDOS del
Redentor a quien Amaban más que a sus vidas.
Y el resultado de todo aquello se
manifestó en la saturación de la tierra entera con el mensaje
arrollador del Evangelio. Hasta el habitante del rincón más
remoto, hasta la más entorpecida de las criaturas, por medio de la
predicación poderosa obrada por el Espíritu Santo a través de un sumiso
escogido, para el tiempo de la destrucción del templo en Jerusalén
había tenido la oportunidad de preferir o rechazar el incomprensible
Amor de YAUE.
Hoy, al aproximarse el Día del Señor en
llamas y explosiones colosales que alcanzan desde la tierra hasta la
atmósfera y no dejan nada en pie, la predicación, la invitación, la
esperanza de nuevo descansan sobre los hombros de los escogidos de
Cristo. Lo que es predicado, y practicado, por los llamados
consiste de verdades a medias o sea mentiras. La invitación
final de Jesús es para los llamados. Son ellos quienes deben
de arrepentirse antes de que venga el Día del Señor grande y
terrible. Cristo los conoce colectivamente como
Laodicea. Para los poquísimos de entre aquellos mares de
profesos seguidores suyos que por fin deciden abrirle la puerta del
corazón para que entre y los salve, el Maestro dedica la más excelsa de
todas las bendiciones y recompensas registradas en la Biblia:
Una vez que son transformados en sus ESCOGIDOS, podrán un día ocupar su
maravilloso trono, sentarse al lado de Yashúa y, en bendita intimidad,
pasar eones gloriosos de la eternidad que se avecina.
