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SHALOM SHALOM
La Escuela
¡Perfecta Paz!   -Isaías 26:3

El Padre Nos ESCOGIÓ EN Cristo Antes De Existir El Mundo

“Escoger” equivale al uso profundo y total de la voluntad.  En el caso de YAUE, él tenía la opción de escogernos o de no escogernos.  Dado el caso de que, en su pre-conocimiento él sabía lo que sus hijos iban a escoger ante el uso indebido del libre albedrío, lo sabio era no escogernos.  Pero su Manifestación eterna llamada Melquisedec, como sacerdote del Dios Altísimo nos Amó de tal manera que, desde antes de existir un átomo, ofreció su vida por la de cada una de las criaturas arrepentidas que algún día serían realidades tangibles (desde aquel entonces existe el orden sacerdotal de Melquisedec)
    Melquisedec es la Manifestación de YAUE conocida por numerosos Nombres tales como la Sabiduría eterna y el Hijo de Dios.  Fue EN él (quien un día sería conocido también por Cristo) que la totalidad de las criaturas racionales que un día poblarían un diminuto planeta (en un universo que estaba por existir) fueron puestas.  No habría un ser humano que no hubiera sido conocido por nombre y Amado desde una eternidad pasada por YAUE.  EN Cristo, YAUE en su manifestación de Padre nos escogió a todos y EN él nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales.
    Las criaturas escogidas por YAUE EN Cristo gozarían además de la santidad y pureza absolutas de la divinidad.  Tal es el destino de cada ser que puebla este planeta.  Aun antes de existir un ser humano, EN Cristo se gestaba una raza que a su debido tiempo haría acto de presencia en carne y hueso para traer gozo infinito al corazón Amante del Creador.
    Pero YAUE todo lo sabe eones antes de que acontezcan las cosas (él  conoce el fin desde el principio).  Él vio cuando aquella raza de criaturas racionales le daría la espalda.  El dolor que tal decisión causó a Su corazón fue tan profundo e insoportable que hubiera sido del todo justificado que, aun antes de formar a un ser humano en carne y hueso, se hubiera descartado el plan eterno y comenzado de nuevo.   
    Pero Cristo, como una madre que Ama con todo el corazón al bebé que se gesta en su vientre, ya conociéndonos a todos y Amándonos fuera de toda comprensión humana, prefirió el dolor inconcebible y prosiguió con el plan establecido de crear al ser humano.
    YAUE sabía que durante las edades oscuras del reino del pecado, en medio de la angustia y de la confusión enloquecedoras, habría criaturas que escogerían el eterno plan divino.  Fue a razón de aquellos pocos individuos que el plan divino continuó en vigencia.  A través de ellos se completaba el círculo del Amor Ágape, el Amor divino.  El propósito del pecado era romper para siempre el círculo divino--no debía de existir nadie que respondiera a la eterna voz del Amor de Dios.  Desde los días de Abel, sin embargo, YAUE ha contado con escogidos en la tierra maldita y rebelde.  Abel, cuyo nombre significa Padre Dios, pasó por la tierra como un bendito símbolo de su Padre Cristo, cuya propia Vida fue cortada en la plena flor de su ministerio.
    Escoger a Jesús (Yashúa es su Nombre hebreo) como Redentor, Dueño y Señor es el mayor de los milagros, la más grande maravilla que pueda ocurrirle al ser humano.  Este acontecimiento inconcebible, no obstante, es el producto del mismo YAUE.  En su Manifestación de Cristo, él sopla la Manifestación del Espíritu Santo sobre quienes aspiran a escoger el plan divino para sus vidas.  EN el Espíritu Santo (conocido también como el Poder del Altísimo) Yashúa envuelve a sus hijos fieles, a la vez que los satura, en la atmósfera  de la divinidad.  En la atmósfera del Amor Ágape, Cristo opera el milagro de abrirles el sentido para comprender las Sagradas Escrituras. 
    Es imposible comprender la Palabra de Dios fuera de la atmósfera del soplo del Espíritu Santo impartido por el mismo Señor Jesús.  Quienes la comprenden y creen de todo corazón, automáticamente son tornados de llamados en escogidos de Cristo.  Esta verdad fundamental implica que el grueso de las ovejas que asisten a las congregaciones de la tierra están clasificadas por él en la categoría de ovejas sin pastor.  Yashúa tiene una compasión infinita por ellas y se empeña en alimentarlas y conducirlas del estado de llamados al de escogidos suyos.  Pero de primera entrada les dice, “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame.  Todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida por causa de mí, la hallará.”  La senda de llamado a escogido de Cristo—la recorrida por los apóstoles--implica un Getsemaní, un calvario, un tormento angustioso.  Luego viene la sorpresa maravillosa e inexplicable de la resurrección.  Por último es el encuentro increíble, cara a cara, con el Redentor resucitado.  Y en seguida viene el soplo de Cristo.
    Cuando Yashúa sopla el Espíritu Santo y a la vez abre el entendimiento de sus seguidores tenaces para que comprendan las Sagradas Escrituras lo que hace es restaurar la imagen de Dios en la vida de un mortal.  Aquella persona, EN Cristo, está siendo transformada a cabalidad.  Es una nueva criatura espiritual.  Es un espejo pulido a la perfección donde solamente se ve el rostro del Maestro.  Ya no se reconoce aquella persona.  Irrevocablemente está pasando de llamado a ESCOGIDO de Cristo.  Su viejo hombre de pecado ha muerto en la cruz EN él, y EN él el llamado ha resucitado a ocupar el lugar que le corresponde desde antes de la fundación del mundo.  EN Cristo goza de toda bendición espiritual en los lugares celestiales.  EN el Amado (Jesús), EL Padre lo ha escogido para vivir una vida santa y sin mancha en medio de una humanidad corrupta, descompuesta y rebelde.
    Aquellos que están dispuestos a pasar de llamados a escogidos del Señor son muy pocos.  El precio es elevadísimo: Se trata de la vida misma.  De Cristo son las horas más tranquilas en la vida cotidiana de sus criaturas.  Él exige que sus escogidos sean portadores de la vida eterna tal cual se encierra en el Evangelio. (Ningún cristiano a medias, un llamado, está en capacidad de representarlo.  El purísimo mensaje del Evangelio no puede ir mezclado con la partícula más diminuta de pecado.  Tal es la razón por la cual Yashúa debe primero transformar al llamado en escogido.)  Es por eso que él esclarece la visión espiritual de quien lo toma en serio y le dedica el tiempo de calidad necesario diariamente para conocerlo en los cuatro Evangelios—Mateo, Marcos, Lucas, y Juan. 
    La vida eterna consiste en conocer a Cristo y al Padre.  En esto no puede haber ideas humanas ni motivos que no provengan exclusivamente del Amor Ágape.  Él conoce nuestra condición, recuerda que somos polvo, pero a la vez no tolera una devoción a medias.  “Nadie puede servir a dos señores,” declara con autoridad suprema.  Para rescatar a sus llamados originales de tal maldición los liberó de su viejo hombre de pecado.  Al comprender tal realidad maravillosa, aquellos hombres y mujeres descubrieron que: Eran nuevas personas; eran dioses caminando por la tierra; la divinidad fluía a través de ellas; Amaban a la raza humana así como la Ama YAUE; era imposible mezclar la divinidad con el pecado pues ambos se excluyen mutuamente; eran los ESCOGIDOS del Redentor a quien Amaban más que a sus vidas.
    Y el resultado de todo aquello se manifestó en la saturación de la tierra entera con el mensaje arrollador del Evangelio.  Hasta el habitante del rincón más remoto, hasta la más entorpecida de las criaturas, por medio de la predicación poderosa obrada por el Espíritu Santo a través de un sumiso escogido, para el tiempo de la destrucción del templo en Jerusalén había tenido la oportunidad de preferir o rechazar el incomprensible Amor de YAUE.
    Hoy, al aproximarse el Día del Señor en llamas y explosiones colosales que alcanzan desde la tierra hasta la atmósfera y no dejan nada en pie, la predicación, la invitación, la esperanza de nuevo descansan sobre los hombros de los escogidos de Cristo.  Lo que es predicado, y practicado, por los llamados consiste de verdades a medias o sea mentiras.  La invitación final de Jesús es para los llamados.  Son ellos quienes deben de arrepentirse antes de que venga el Día del Señor grande y terrible.  Cristo los conoce colectivamente como Laodicea.  Para los poquísimos de entre aquellos mares de profesos seguidores suyos que por fin deciden abrirle la puerta del corazón para que entre y los salve, el Maestro dedica la más excelsa de todas las bendiciones y recompensas registradas en la Biblia:  Una vez que son transformados en sus ESCOGIDOS, podrán un día ocupar su maravilloso trono, sentarse al lado de Yashúa y, en bendita intimidad, pasar eones gloriosos de la eternidad que se avecina.

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