La Palabra—el Verbo—es Amor Agape
Todo lo indispensable para la reconquista de un mundo en rebelión
procede del incomparable Amor de Dios—Agape. Este abre de par en
par la visión del espíritu humano y lo invisible se torna más real que
lo visible.
Es a razón de esta iluminación que lo que hoy se
percibe como realidad resulta siendo solamente un espejismo. Las
cosas están por llegar a ser lo que fueron cuando la humanidad estaba
saturada del eterno e inextinguible Amor Ágape y vivía en la atmósfera
del Amor Ágape.
Es imprescindible considerar los siguientes puntos:
El mundo fue producido por el Amor Ágape—era bello y perfecto.
Adán y Eva fueron producidos por el Amor Ágape—eran bellos y perfectos.
La relación entre las criaturas y el Creador era bella, ilimitada,
perfecta. El Amor Ágape se evidenciaba en gozo y paz absolutos y
perfectos.
Cuando Adán y Eva optaron por
finalizar con la soberanía del Amor Ágape y reemplazarlo con el
despotismo del amor al ego—el pecado, la belleza y la perfección, el
gozo y la paz súbitamente terminaron.
Lo
bello se tornó feo; lo perfecto se convirtió en imperfecto, impuro,
temible y repugnante; la felicidad pronto era tristeza y chasco
interminables; y la paz cedió su lugar a la aflicción, al odio
implacable y la locura.
En la ausencia del
Amor Ágape el espíritu humano era incapaz de escuchar, y mucho menos de
comprender, la Palabra del Creador. El uno y el otro estaban
ahora en esferas diferentes. No había punto de contacto.
Para poner fin a aquel horroroso impasse, Dios movió a Abel a ofrecer
un cordero en sacrificio. Aquel animal inocente representaba al
Creador—el Amor Ágape—que seguía amando a sus criaturas y Quien, por
ellas, algún día daría su propia vida.
La
reconquista de la humanidad embrutecida por la ausencia del Amor Ágape
comenzó con el sacrificio de Abel. Su acto fue profético.
Para el amor al ego—el pecado--el acto de Abel era imperdonable.
Las fuerzas contrarias al Amor Agape debían callarlo para
siempre. Mientras reinara el amor al ego—el pecado, el Amor Ágape
jamás volvería a levantar la cabeza. El Creador estaba
prácticamente desterrado de su creación.
La humanidad existía ahora exclusivamente para ofrendar su amor al ego, para adorar el pecado.
¡Qué dios tan horrendo, salvaje e inhumano es el ego idolatrado—el pecado!
El ofendido Caín, despreciando el Amor divino, con el espíritu amargado
como la hiel por la ausencia del gozo producido por la pureza y
sufriendo el ataque del tsunami de la falta de la paz en su corazón, se
levantó contra Abel y alevosamente lo mató.
El acto de Caín era profético.
El Amor Ágape y el amor al ego—el pecado, se preparaban para un choque
directo de donde sólo saldría un vencedor.
La historia humana ha consistido de un llamado incesante para tomar partido.
Ambos bandos han presentado pruebas contundentes de su poder.
El amor al ego—el pecado—ha comprobado que, con excepciones que pueden
contarse con los dedos de una mano, es capaz de controlar a la raza
humana.
El Amor Ágape, al tornarse en un
Hombre, se puso a merced de su enemigo mortal y en esa forma comprobó
que ningún ser humano está predestinado para pecar. Cristo no escogió
el amor al ego—el pecado--ni una sola vez.
El Amor Ágape manifestado en la vida de Jesús se demostró como Amor al
Padre y al Espíritu Santo emanando de cada facultad de la mente, del
espíritu, del corazón, del cuerpo y a su vez se evidenció como Amor al
prójimo en la manera en que Cristo se Amaba a sí mismo.
Jesús Amaba de tal forma a Dios como al ser humano rebelde que vino al
mundo con el objetivo de poner fin a la separación que el amor al
ego—el pecado—había causado entre el Padre y el hijo pródigo.
El egocéntrico, rebelde, embrutecido hijo pródigo fue redimido cuando
respondió al Amor Ágape que lo atraía al Padre con lazos irresistibles.
Tal es el arma con la cual YAUE reconquista al mundo que le da la
espalda y que, cuando no lo está despreciando, lo está atacando con
intenciones asesinas, tal cual Caín atacó a Abel.
El arma invencible se llama Amor Ágape, el Amor que equivale a Dios.
El amor falso, el amor al ego—el pecado-- y la rebelión, tarde o
temprano consume todo lo que toca.
De no
ser por el Amor Ágape no habría ni un vestigio de esperanza para la
humanidad que lo desconoce o lo desprecia o se rebela contra él.
Con su muerte, sepultura y resurrección, Cristo le asestó el golpe mortal al amor falso—el pecado.
Su iniciador, Lucifer, al frente de agentes casi omnipotentes, fue destruido.
Las personas que se enteraron de esta maravilla, que la aceptaron de
corazón, que reconocieron al Resucitado que acabó con el enemigo mortal
y que adoraron de corazón al invicto Jesucristo, dedicaron sus vidas a
proclamar el mensaje de la reconquista.
Para el año 70 habían cundido la tierra entera.
El inconcebible milagro de su despertar espiritual había ocurrido al
momento cuando aquellas personas, los discípulos del Maestro, en
el momento de su derrota total y definitiva al sentirse
abandonados para siempre por él, para su sorpresa lo ven
resucitado.
Verlo vivo después de haberlo visto muerto fue maravilloso e impactante
y de igual manera fue oírlo decir Amorosas palabras de paz. Lo
que los dejó estupefactos, sin embargo, fue verlo soplar suavemente
sobre ellos. ¿Qué hace el Maestro?, se preguntaban en
silencio. Luego lo escuchan decir, “Reciban el Espíritu Santo.”
Con el soplo divino Jesús los envolvió y saturó con la divinidad, así
como había hecho milenios atrás con Adán, cuando este era solamente una
estatua sin vida compuesta de arcilla endurecida.
En aquella atmósfera de Amor Ágape ocurrió la resurrección espiritual
de los discípulos—jamás volvieron a ser los mismos.
Y junto con el don de la nueva vida, Jesús obró la maravilla de
abrirles el entendimiento para comprender las Sagradas Escrituras.
Equipados con la plenitud del Amor Ágape—la naturaleza divina, llenos
de la totalidad de la Palabra eterna—Jesucristo, viviendo EN YAUE y
Este viviendo EN ellos, y poseídos por la plenitud de la omnipotencia
del Espíritu Santo para la predicación poderosa del Evangelio de
salvación en cada rincón del planeta, los apóstoles hicieron tal labor
en corto tiempo de manera que no quedó un solo ser humano que no se
enterara en cuanto a la Encarnación del Amor Ágape y llamada Jesús.
Incontables millones de personas de cada región, raza y lengua de la
tierra, en medio de la oposición encarnizada de las legiones de
demonios, estaban preparadas para la traslación prometida por el mismo
Cristo antes de su ascensión menos de cuarenta años
atrás.
Pronto habrán pasado veinte siglos desde el cumplimiento de las inexorables declaraciones de Jesús.
Sus ESCOGIDOS contemporáneos, testigos oculares de su gloria a
razón de su devoción al mensaje de los cuatro Evangelios—Mateo, Marcos,
Lucas y Juan, hombres y mujeres que operan en la atmósfera del soplo
divino—el Amor Ágape, iluminados por el mismo Cristo para comprender a
cabalidad la Palabra eterna, que conocen a profundidad al Padre—el solo
Dios verdadero y a Jesucristo su Hijo, que gozan hoy mismo de la vida
eterna, que han sido bautizados con la plenitud del Espíritu Santo para
predicar con poder celestial el Evangelio, encontrándose milagrosamente
en cada rincón del planeta y dentro de cada religión y denominación hoy
anuncian la inminencia del Día del Señor descrito en lujo de detalles
por Pedro, Juan, Pablo y varios profetas de la antiguedad.
El
que tú hayas leído la totalidad de este artículo indica que Jesús te ha
escogido a ti para que vayas y lleves fruto, y que tu fruto permanezca.
Eres un ESCOGIDO de Cristo. Tu experiencia como llamado de él está terminando hoy.
“Muchos son llamados, pocos ESCOGIDOS,” declaró el.
El soplo del Espíritu Santo que él está soplando sobre ti te está envolviendo y saturándote de la vida de Dios--el Amor Ágape.
En esta atmósfera divina por fin él te abre el entendimiento para comprender la Palabra eterna.
El
día menos pensado Cristo te bautizará con la promesa del Padre y
recibirás la plenitud del poder del Espíritu Santo para proclamar
vigorosamente el mensaje del Amor Ágape contenido en la vida, la muerte
y la resurrección de él.
Y así como todo comenzó a partir del
soplo del Espíritu Santo en la noche de la resurrección con la
manifestación de UN Cuerpo, de UN Rebaño y UNA Iglesia, tú no
descansarás hasta que Jesús de nuevo cuente en la tierra con UN Cuerpo,
UN Rebaño y UNA Iglesia.
La confusión que reina hoy día entre
los infelices seguidores de Cristo a raíz de la dirección falsa que han
sufrido, esta por terminar por la intervención directa de Jesús a
través de sus ESCOGIDOS contemporáneos.
Luego viene el Día del
Señor. Día espantoso y terrible. Día donde grita de pavor
el valiente. Día de estruendo y explosiones ensordecedoras donde
la atmósfera se evapora en llamas y la tierra con sus elementos se
derrite, donde todo aquel que se aferró al amor al ego—el pecado--
junto con sus obras es exterminado definitivamente.
Solamente los
ESCOGIDOS son tomados en los brazos de los ángeles para ser llevados
ante la presencia de su Señor. Así fue para el año 70. Así
volverá a ser ahora.
Ningún llamado puede gozar de felicidad
perpetua. El llamado se ha rehusado a crecer, bajo el soplo del
Espíritu Santo, a la estatura de la plenitud de Cristo. El
corazón del llamado ha optado por quedarse como enano espiritual.
Esto es blasfemar contra el Espíritu Santo.
Preferir el soplo del
Espíritu Santo diariamente equivale a estar EN Cristo, a Cristo
viviendo EN sus ESCOGIDOS. Esto es conocerlo a profundidad y
cabalidad.
Tal bendición está reservada solamente para los
ESCOGIDOS. Esto es crecer EN Cristo en medio de la humanidad que
lo desconoce. Esto es gozar de la vida eterna hoy.
Tu esperanza hoy está en pedirle a Cristo diariamente, con todo
el corazón, que sople sobre ti el Espíritu Santo y te llene del Amor
Ágape. Solamente en tal atmósfera divina por fin comprendes la
Biblia y sobre todo los cuatro Evangelios—Mateo, Marcos, Lucas y
Juan. Esto te transforma en testigo ocular de él. Entonces
la plenitud de la autoridad y poder del Espíritu Santo actúan en
ti. Amas a la humanidad como Jesús la Ama. Y tus labores
para alcanzarla con el excelso mensaje del Evangelio son incansables.
En esa forma comienza tu vida como ESCOGIDO de él.
