Shalom ShalomShalom Shalom
SHALOM SHALOM
La Escuela
¡Perfecta Paz!   -Isaías 26:3

La Palabra—el Verbo—es Amor Agape

Todo lo indispensable para la reconquista de un mundo en rebelión procede del incomparable Amor de Dios—Agape.  Este abre de par en par la visión del espíritu humano y lo invisible se torna más real que lo visible.  
Es a razón de esta iluminación que lo que hoy se percibe como realidad resulta siendo solamente un espejismo.  Las cosas están por llegar a ser lo que fueron cuando la humanidad estaba saturada del eterno e inextinguible Amor Ágape y vivía en la atmósfera del Amor Ágape.

Es imprescindible considerar los siguientes puntos:
     El mundo fue producido por el Amor Ágape—era bello y perfecto.
     Adán y Eva fueron producidos por el Amor Ágape—eran bellos y perfectos.
     La relación entre las criaturas y el Creador era bella, ilimitada, perfecta.  El Amor Ágape se evidenciaba en gozo y paz absolutos y perfectos.
    Cuando Adán y Eva optaron por finalizar con la soberanía del Amor Ágape y reemplazarlo con el despotismo del amor al ego—el pecado, la belleza y la perfección, el gozo y la paz súbitamente terminaron.
     Lo bello se tornó feo; lo perfecto se convirtió en imperfecto, impuro, temible y repugnante; la felicidad pronto era tristeza y chasco interminables; y la paz cedió su lugar a la aflicción, al odio implacable y la locura.
     En la ausencia del Amor Ágape el espíritu humano era incapaz de escuchar, y mucho menos de comprender, la Palabra del Creador.  El uno y el otro estaban ahora en esferas diferentes.  No había punto de contacto.
     Para poner fin a aquel horroroso impasse, Dios movió a Abel a ofrecer un cordero en sacrificio.  Aquel animal inocente representaba al Creador—el Amor Ágape—que seguía amando a sus criaturas y Quien, por ellas, algún día daría su propia vida.
     La reconquista de la humanidad embrutecida por la ausencia del Amor Ágape comenzó con el sacrificio de Abel.  Su acto fue profético.
     Para el amor al ego—el pecado--el acto de Abel era imperdonable.  Las fuerzas contrarias al Amor Agape debían callarlo para siempre.  Mientras reinara el amor al ego—el pecado, el Amor Ágape jamás volvería a levantar la cabeza.  El Creador estaba prácticamente desterrado de su creación.
     La humanidad existía ahora exclusivamente para ofrendar su amor al ego, para adorar el pecado.
     ¡Qué dios tan horrendo, salvaje e inhumano es el ego idolatrado—el pecado!
     El ofendido Caín, despreciando el Amor divino, con el espíritu amargado como la hiel por la ausencia del gozo producido por la pureza y sufriendo el ataque del tsunami de la falta de la paz en su corazón, se levantó contra Abel y alevosamente lo mató.
     El acto de Caín era profético.
     El Amor Ágape y el amor al ego—el pecado, se preparaban para un choque directo de donde sólo saldría un vencedor.
     La historia humana ha consistido de un llamado incesante para tomar partido.
     Ambos bandos han presentado pruebas contundentes de su poder.
     El amor al ego—el pecado—ha comprobado que, con excepciones que pueden contarse con los dedos de una mano, es capaz de controlar a la raza humana.
     El Amor Ágape, al tornarse en un Hombre, se puso a merced de su enemigo mortal y en esa forma comprobó que ningún ser humano está predestinado para pecar. Cristo no escogió el amor al ego—el pecado--ni una sola vez.
     El Amor Ágape manifestado en la vida de Jesús se demostró como Amor al Padre y al Espíritu Santo emanando de cada facultad de la mente, del espíritu, del corazón, del cuerpo y a su vez se evidenció como Amor al prójimo en la manera en que Cristo se Amaba a sí mismo.
     Jesús Amaba de tal forma a Dios como al ser humano rebelde que vino al mundo con el objetivo de poner fin a la separación que el amor al ego—el pecado—había causado entre el Padre y el hijo pródigo.
     El egocéntrico, rebelde, embrutecido hijo pródigo fue redimido cuando respondió al Amor Ágape que lo atraía al Padre con lazos irresistibles.
     Tal es el arma con la cual YAUE reconquista al mundo que le da la espalda y que, cuando no lo está despreciando, lo está atacando con intenciones asesinas, tal cual Caín atacó a Abel.
     El arma invencible se llama Amor Ágape, el Amor que equivale a Dios.
     El amor falso, el amor al ego—el pecado-- y la  rebelión, tarde o temprano consume todo lo que toca.
     De no ser por el Amor Ágape no habría ni un vestigio de esperanza para la humanidad que lo desconoce o lo desprecia o se rebela contra él.
     Con su muerte, sepultura y resurrección, Cristo le asestó el golpe mortal al amor falso—el pecado.
     Su iniciador, Lucifer, al frente de agentes casi omnipotentes, fue destruido.
     Las personas que se enteraron de esta maravilla, que la aceptaron de corazón, que reconocieron al Resucitado que acabó con el enemigo mortal y que adoraron de corazón al invicto Jesucristo, dedicaron sus vidas a proclamar el mensaje de la reconquista.
     Para el año 70 habían cundido la tierra entera.
     El inconcebible milagro de su despertar espiritual había ocurrido al momento cuando aquellas personas, los discípulos del Maestro, en el  momento de su derrota total y definitiva al sentirse abandonados para siempre por él, para su sorpresa lo ven resucitado.                                                                                                                                      Verlo vivo después de haberlo visto muerto fue maravilloso e impactante y de igual manera fue oírlo decir Amorosas palabras de paz.  Lo que los dejó estupefactos, sin embargo, fue verlo soplar suavemente sobre ellos.  ¿Qué hace el Maestro?, se preguntaban en silencio.  Luego lo escuchan decir, “Reciban el Espíritu Santo.”
     Con el soplo divino Jesús los envolvió y saturó con la divinidad, así como había hecho milenios atrás con Adán, cuando este era solamente una estatua sin vida compuesta de arcilla endurecida.
     En aquella atmósfera de Amor Ágape ocurrió la resurrección espiritual de los discípulos—jamás volvieron a ser los mismos.
     Y junto con el don de la nueva vida, Jesús obró la maravilla de abrirles el entendimiento para comprender las Sagradas Escrituras.
     Equipados con la plenitud del Amor Ágape—la naturaleza divina, llenos de la totalidad de la Palabra eterna—Jesucristo, viviendo EN YAUE y Este viviendo EN ellos, y poseídos por la plenitud de la omnipotencia del Espíritu Santo para la predicación poderosa del Evangelio de salvación en cada rincón del planeta, los apóstoles hicieron tal labor en corto tiempo de manera que no quedó un solo ser humano que no se enterara en cuanto a la Encarnación del Amor Ágape y llamada Jesús.
     Incontables millones de personas de cada región, raza y lengua de la tierra, en medio de la oposición encarnizada de las legiones de demonios, estaban preparadas para la traslación prometida por el mismo Cristo antes de su ascensión menos de cuarenta años atrás.      

    Pronto habrán pasado veinte siglos desde el cumplimiento de las inexorables declaraciones de Jesús.
    Sus ESCOGIDOS contemporáneos, testigos oculares de su gloria a razón de su devoción al mensaje de los cuatro Evangelios—Mateo, Marcos, Lucas y Juan, hombres y mujeres que operan en la atmósfera del soplo divino—el Amor Ágape, iluminados por el mismo Cristo para comprender a cabalidad la Palabra eterna, que conocen a profundidad al Padre—el solo Dios verdadero y a Jesucristo su Hijo, que gozan hoy mismo de la vida eterna, que han sido bautizados con la plenitud del Espíritu Santo para predicar con poder celestial el Evangelio, encontrándose milagrosamente en cada rincón del planeta y dentro de cada religión y denominación hoy anuncian la inminencia del Día del Señor descrito en lujo de detalles por Pedro, Juan, Pablo y varios profetas de la antiguedad.

El que tú hayas leído la totalidad de este artículo indica que Jesús te ha escogido a ti para que vayas y lleves fruto, y que tu fruto permanezca.
Eres un ESCOGIDO de Cristo.  Tu experiencia como llamado de él está terminando hoy.
“Muchos son llamados, pocos ESCOGIDOS,” declaró el.
El soplo del Espíritu Santo que él está soplando sobre ti te está envolviendo y saturándote de la vida de Dios--el Amor Ágape.
En esta atmósfera divina por fin él te abre el entendimiento para comprender la Palabra eterna.
El día menos pensado Cristo te bautizará con la promesa del Padre y recibirás la plenitud del poder del Espíritu Santo para proclamar vigorosamente el mensaje del Amor Ágape contenido en la vida, la muerte y la resurrección de él.
Y así como todo comenzó a partir del soplo del Espíritu Santo en la noche de la resurrección con la manifestación de UN Cuerpo, de UN Rebaño y UNA Iglesia, tú no descansarás hasta que Jesús de nuevo cuente en la tierra con UN Cuerpo, UN Rebaño y UNA Iglesia.  
La confusión que reina hoy día entre los infelices seguidores de Cristo a raíz de la dirección falsa que han sufrido, esta por terminar por la intervención directa de Jesús a través de sus ESCOGIDOS contemporáneos.
Luego viene el Día del Señor.  Día espantoso y terrible.  Día donde grita de pavor el valiente.  Día de estruendo y explosiones ensordecedoras donde la atmósfera se evapora en llamas y la tierra con sus elementos se derrite, donde todo aquel que se aferró al amor al ego—el pecado-- junto con sus obras es exterminado definitivamente.
Solamente los ESCOGIDOS son tomados en los brazos de los ángeles para ser llevados ante la presencia de su Señor.  Así fue para el año 70.  Así volverá a ser ahora.
Ningún llamado puede gozar de felicidad perpetua.  El llamado se ha rehusado a crecer, bajo el soplo del Espíritu Santo, a la estatura de la plenitud de Cristo.  El corazón del llamado ha optado por quedarse como enano espiritual.  Esto es blasfemar contra el Espíritu Santo.
Preferir el soplo del Espíritu Santo diariamente equivale a estar EN Cristo, a Cristo viviendo EN sus ESCOGIDOS.  Esto es conocerlo a profundidad y cabalidad.
Tal bendición está reservada solamente para los ESCOGIDOS.  Esto es crecer EN Cristo en medio de la humanidad que lo desconoce.  Esto es gozar de la vida eterna hoy.

    Tu esperanza hoy está en pedirle a Cristo diariamente, con todo el corazón, que sople sobre ti el Espíritu Santo y te llene del Amor Ágape.  Solamente en tal atmósfera divina por fin comprendes la Biblia y sobre todo los cuatro Evangelios—Mateo, Marcos, Lucas y Juan.  Esto te transforma en testigo ocular de él.  Entonces la plenitud de la autoridad y poder del Espíritu Santo actúan en ti.  Amas a la humanidad como Jesús la Ama.  Y tus labores para alcanzarla con el excelso mensaje del Evangelio son incansables.
    En esa forma comienza tu vida como ESCOGIDO de él.

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